Alfonso_CDEA_2026

por Alfonso J. Vázquez Vaamonde, 25 de Marzo de 2026.

Me gusta entender el sentido de las palabras porque nos permite hablar con ás propiedad. Viejo, que viene del latín “vetus”; tiene su vieja raíz en el sánscrito, “vatsa”, que significa año. Viejo significa pues “añoso”; eso se dice de los vinos que no son de la última “añada”. Por cierto, se suele olvidar al hablar de las personas que el vino aumenta de calidad al envejecer porque “termina de hacerse”. Debería de hacernos reflexionar algo antes de utilizarla en tono despectivo.


Anciano identifica a quien tiene muchos años y se ve deteriorado; viene de “ante” y “anus” e indica que lo primero que se le ve, de ahí ante, es que ha vivido muchos años, aunque se suele decir de los años que se llevan a la espalda lo que aunque nos pueda encorvar nos deja desembarazados para seguir hacia delante. Por eso no puedo olvidar una tonta noticia de un periódico poco después de reducirse la edad de jubilación a 65 años: “una anciana de 65 años atropellada en un paso de peatones”; ¿anciana de 65 años?


En las tribus, el jefe de los guerreros gobierna, es decir ejecuta lo que acuerda el “consejo de ancianos”, el senado, palaba que viene de senatus cuyo origen es “senex” que rige la vida de la comunidad; “del viejo el consejo”, dice el refrán. Se supone que sus años llenos de aciertos y de errores les ha enseñado a distinguir lo qué es conveniente de lo que lo es menos. No siempre es cierto. Aquí teneos a Trump que el día que no dice una tontería es porque dice dos. Pero el Sr. Núñez, más joven, no le va a la zaga.


Es frecuente que un hijo tenga el mismo nombre de su padre. De la historia de Roma recordamos a Plinio “el joven” y a Plinio “el viejo”. Aunque sólo recordemos que Plinio “el viejo” murió por querer ver de cerca la erupción del Vesubio y murió asfixiado. Tenía 56 años y seguía queriendo saber. ¿Viejo?, entonces viejo significaba mayor.
Una amiga mía me comentaba el otro día que había ido a la ópera con su madre que tiene 93 años y que estaba física y mentalmente como una rosa. No es inhabitual. Hace poco falleció uno de mis cuñados, tenía 94 años. Por eso el título de un tonto artículo de Pérez Reverte: “si, soy viejo … ¿y qué?”, me produce tristeza por su ánimo agresivo.


¿Qué es ser viejo? Recuerdo una frase de mi suegra, se hablaba de una chica que no era muy agraciada; ella comentó: “la mitad para ser guapa, creérselo”. Lo comparto: es viejo quien se cree viejo y ya no tiene interés en seguir aprendiendo. No fue el caso de Plinio “el viejo”. Todos somos más o menos mayores de edad y tenemos más o menos achaques. En eso no nos diferenciamos de nadie; todo el mundo tiene más o menos años de edad y más o menos achaques que nosotros.


Vivir es desear, si no, no se vive, se sobrevive; pero aun somos útiles si alguien disfruta de nuestra existencia queriéndonos cuidar. Cuando eso tampoco ocurra la vida pierde todo su sentido y se convierte en solo un no morirse. Como le hace decir Calderón a Segismundo en “La vida es sueño” tras el estúpido comportamiento que le dio su padre. “¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.


Ésa es una analogía tradicional en oriente en el pensamiento hindú, en la mística persa y en la moral budista que nos llegó a través de Grecia. Es evidente el influjo del mito de la caverna de Platón en la obra de Calderón. Vivimos encerrados en el mundo irreal del sueño, unas tinieblas de la que sólo nos librará la práctica del bien que está fuera de ella. De esa idea se apropian muchas religiones. Es su alibi para no hacerla habitable y lleno de justicia y amor el mundo real de la caverna prometiendo que viviremos felices después de muertos cuando lo que queremos es vivir felices mientras vivimos.


Una bella llamada a la acción en esta vida fugaz pero inmensa, es todo lo que tenemos, son los últimos versos de “Si…”, esa hermosa poesía de Kipling: “Si llenas el minuto inolvidable y cierto / de sesenta segundos, que te llevan al cielo, / todo lo de esta Tierra será de tu dominio, / y mucho más aún … ¡serás hombre, hijo mío! También me gustan otros dos versos: “Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo. / Si piensas y rechazas lo que piensas en vano”. Sueño con la III República, pero no soy su esclavo; pienso que la veré promulgada y no creo que lo piense en vano. Concluyo con otra reflexión: “lo lograron porque no sabían que era imposible”. ¡Ánimo!

Abogado. – Exsecretario 1º Ateneo de Madrid. – Secretario General “Centro de Estudios Ateneos”.

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