Honor y Memoria: El Ateneo de Madrid ante la Sombra del «Voto Ovejuno»
por Fco. José Alonso Rodríguez, 13 de Mayo de 2026.
Existen instituciones que no son solo edificios o archivos, sino el pulso mismo de la libertad intelectual de un país. El Ateneo de Madrid es una de ellas. Sin embargo, la historia nos enseña que los templos de la razón son vulnerables cuando la ética es desplazada por el interés y la gratitud por la soberbia. En este escenario, la figura de Alfonso J. Vázquez Vaamonde emerge no solo como un nombre en un acta, sino como el símbolo de la resistencia de una casa que hoy parece asediada desde dentro.
Cuando el mundo se detuvo en 2020, muchas instituciones centenarias se resignaron al silencio. Fue entonces cuando la labor de Alfonso J. Vázquez Vaamonde, como secretario 1º, adquirió una dimensión heroica. Mientras la incertidumbre dictaba el cierre, Alfonso trabajó para que el Ateneo de Madrid mantuviera sus puertas —si no físicas, al menos espirituales— abiertas. Gracias a su gestión, la institución no sucumbió al colapso administrativo que la pandemia impuso.
A sus 87 años, Alfonso representa esa «valía de la experiencia» que hoy, lamentablemente, se intenta despreciar. Es la memoria viva de los pasillos, el hombre que entiende que el Ateneo de Madrid no es un activo inmobiliario, sino un legado cultural.

La denuncia que hoy resuena entre los ateneístas es grave: la entrada masiva de cerca de 600 nuevos socios con una agenda que parece ajena a los fines fundacionales de la Docta Casa. Se habla de una «quiebra programada», una táctica asfixiante destinada a justificar una venta interesada.
Cuando una institución de esta magnitud empieza a ser administrada con el objetivo de su propia insolvencia, estamos ante un atentado patrimonial y cultural. El objetivo parece claro: desmantelar para vender, silenciar para dominar. En este tablero, Alfonso J. Vázquez Vaamonde se ha convertido en el obstáculo principal, pues su sola presencia recuerda lo que el Ateneo de Madrid debe ser y lo que fue capaz de superar.
Uno de los conceptos más punzantes que resurge en esta crisis es el del “voto ovejuno”. Como se estudiaba en los cursos de doctorado de los años 70 en la Facultad, bajo el magisterio de grandes profesores, el voto ovejuno es la renuncia a la conciencia individual en favor del gregarismo ciego. «El voto ovejuno no es democracia; es el mecanismo mediante el cual la democracia se suicida para dar paso a la dictadura y al fascismo».
Este fenómeno ocurre cuando una masa crítica —en este caso, esos nuevos socios «afines»— vota no por convicción o por el bien de la institución, sino por consigna. Es un aplauso orquestado que ignora la razón y premia el autoritarismo. Ver a un presidente menospreciar y acosar psicológicamente a un hombre de la talla de Alfonso J. Vázquez Vaamonde desde la Tribuna en las Juntas de Socios es doloroso, indigno y humillante, pero ver el aplauso servil de quienes le secundan es, sencillamente, alarmante. Ese aplauso es el sonido de la decadencia moral de una asamblea.
El acoso a los mayores, el desprecio por la trayectoria y el uso de la tribuna como herramienta de hostigamiento son síntomas inequívocos de un liderazgo que teme a la verdad. Alfonso J. Vázquez Vaamonde no solo está siendo acosado psicológicamente por lo que hizo en el pasado, sino por lo que representa en el presente: la honestidad frente a la gestión oscura.

Como bien se dice: «lo que no se hace, no existe». Y si hoy el Ateneo de Madrid existe, es en gran medida por la labor de Alfonso. Pero la existencia requiere continuidad. Si permitimos que el agravio y el acoso se conviertan en la norma, el Ateneo de Madrid dejará de ser el faro de la Ilustración española para convertirse en un club privado al servicio de intereses opacos.
Estar al lado de Alfonso es, hoy más que nunca, estar al lado del Ateneo de Madrid. No podemos permitir que una institución que sobrevivió a guerras y dictaduras caiga ahora víctima de una «suspensión de pagos» provocada por una mala administración deliberada.
La democracia en el Ateneo de Madrid no se mide por el número de votos, sino por la calidad de la deliberación y el respeto a la historia. Alfonso J. Vázquez Vaamonde, eres necesario. Tu presencia es el espejo donde la actual directiva no quieren mirarse, porque en tu integridad y honestidad ven reflejada sus propias carencias. Los Ateneístas que aún creemos en la libertad de pensamiento no daremos en este momento la espalda ni permaneceremos callados ante las atrocidades que estamos sufriendo desde hace 5 años. La memora y la justicia terminarán por imponerse sobre el aplauso vacío de las ovejas con sus “votos ovejunos”.
Politólogo. – Sociólogo. Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos. – Centro de Estudios Ateneos. _ Premio a las Libertades “Rafael del Riego”. Medalla Internacional DD.HH.