El Ateneo de Madrid. “Entre el Espíritu de la Docta Casa y el Mercantilismo de la Ambición”
El Distrito, por Fco. José Alonso Rodríguez, 27 de Marzo de 2026.

La historia de las instituciones no se escribe solo con sus logros. El Ateneo de Madrid, nuestra “Docta Casa» que durante dos siglos fue el pulmón oxigenado del pensamiento liberal y crítico en España, atraviesa hoy una de sus etapas más sombrías. No se trata de una crisis de presupuesto o de infraestructura —males comunes en la cultura—, sino de algo mucho más profundo y corrosivo: una crisis de identidad.
Como bien se dice, los amigos de la guerra son los ambiciosos, y en los pasillos de la calle del Prado, la ambición parece haber desplazado a la erudición.
Desde la llegada del grupo capitaneado por Luis Arroyo y su pareja sentimental, la empresaria y exconsejera de Prisa Pepita Marín, el Ateneo ha dejado de ser un refugio de la inteligencia para convertirse en un campo de batalla permanente. Bajo el barniz de la «modernización» y la «gestión eficiente», late un conflicto que amenaza con desertizar el espíritu ateneísta, sustituyéndolo por un mercantilismo rampante que ha puesto la institución al servicio de intereses sectarios.
Decía mi buen amigo el inolvidable Enrique Tierno Galván, con esa ironía fina que solo la verdadera cultura otorga, que existen personas que son simplemente «lectores de las portadas de los libros». En esa distinción residía una crítica feroz a la superficialidad: leer no es lo mismo que comprender; acumular títulos no es lo mismo que poseer una cultura orgánica. Hoy, esa advertencia resuena con una fuerza profética en el Ateneo.
La actual dirección parece encarnar esa figura del lector que no profundiza. Se observa una carencia de ese poso intelectual que históricamente definió a los socios de la casa. En su lugar, ha aterrizado una cultura de PowerPoint, de comunicación política y de marketing empresarial. Se confunde el éxito de una institución cultural con el número de «impactos» mediáticos o la capacidad de atraer a una élite económica que busca en el Ateneo de Madrid un decorado de prestigio para sus transacciones, más que un foro de debate incómodo y plural, donde la cultura debe primar, ante el negocio mercantilista al servicio de un grupo organizado y sectario muy peligroso para la convivencia.
El mando despótico de Luis Arroyo, junto a su pareja sentimental Pepita Marín, cuya trayectoria está ligada al mundo del emprendimiento y como exconsejera de PRISA, ha inoculado en el Ateneo una lógica ajena a su naturaleza. La entrada de este grupo no ha sido una transición suave, sino una toma de posiciones que muchos socios describen como una «guerra permanente».
Este modelo, que podríamos denominar el desembarco del «mercantilismo», prioriza la rentabilidad, sobre la calidad del pensamiento. Cuando el Ateneo se gestiona como una extensión de una consultora o como el anexo de un grupo de comunicación como Prisa, la independencia se resiente. El espíritu ateneísta —caracterizado por la libertad de cátedra, el debate encendido pero respetuoso y la resistencia al poder de turno— desaparece para dar paso a un sectarismo que expulsa lo diferente.
«El Ateneo ya no busca la verdad, busca la relevancia. Y en ese camino, ha vendido su alma al mejor postor del mercado de las influencias.»

Lo más preocupante de la actual deriva no es solo la pérdida de nivel intelectual, sino el riesgo que esto supone para la convivencia. El Ateneo de Madrid fue, incluso en tiempos oscuros, un lugar donde las distintas Españas podían, si no entenderse, al menos escucharse. Sin embargo, la gestión actual ha convertido la institución en un espacio exclusivo para un grupo que actúa con la lógica de la «cancelación» o la marginación de las voces críticas.
Este sectarismo es peligroso porque emponzoña el tejido social. Cuando una institución pública, se cierra sobre sí misma y se pone al servicio de una camarilla, deja de ser un faro para convertirse en un muro. La ambición de quienes capitanean este proceso no conoce fronteras; no buscan preservar el legado de Azaña, de Clarín, de Ramón y Cajal, Ramon Gomez de la Serna, Unamuno etc., sino utilizar el nombre de estos gigantes para validar una agenda personalista y comercial.
El término mercantilismo define a la perfección lo que ocurre hoy en la calle del Prado 19. Mercurio, dios del comercio y de los ladrones, pero también de la comunicación, se ha instalado en el despacho presidencial. Bajo esta óptica, todo es susceptible de ser vendido: desde el uso de los salones hasta la propia línea editorial de las conferencias.
La cultura del «lector de las portadas de los libros» mencionada por Tierno Galván es la que permite que este mercantilismo prospere. Al no haber una base sólida de principios intelectuales, no hay resistencia ante la invasión de la lógica de mercado. Si los dirigentes no entienden que el Ateneo de Madrid debe ser un contrapoder, lo están convirtiéndolo en un simple escaparate del poder.
El espíritu ateneísta no es una reliquia del pasado, es una necesidad del presente. Es la capacidad de dudar, de investigar y de confrontar ideas sin el miedo a perder un patrocinio o el favor de un grupo de presión. Mientras ese espíritu no regrese y los «ambiciosos» no abandonen su trinchera, el Ateneo de Madrid seguirá en un estado de guerra civil interna.

La convivencia en un espacio tan emblemático requiere generosidad y, sobre todo, una humildad intelectual de la que hoy se carece. La cultura no es un accesorio de moda ni una herramienta de relaciones públicas. Como diría el Viejo Profesor, la cultura es lo que queda cuando se olvida lo que se ha leído; es una forma de estar en el mundo. Si el Ateneo sigue en manos de quienes solo ven en él un activo comercial o una plataforma de ego, terminará por ser un edificio imponente, lleno de libros, pero absolutamente vacío de ideas. Y una quiebra programada segura que es a lo que vinieron como grupo organizado para ello.
La situación descrita es un síntoma de un mal mayor que afecta a la sociedad contemporánea: la sustitución de la sabiduría por la astucia. Luis Arroyo y Pepita Marín pueden ser expertos en sus campos, pero el Ateneo no es un startup ni una campaña de imagen. Es un organismo vivo que requiere cuidados paliativos antes de que el mercantilismo termine por devorar sus últimos restos de dignidad.
Es hora de que los verdaderos ateneístas, aquellos que no solo leen libros, sino que los viven, recuperen el control de su casa. La guerra permanente debe cesar para dar paso a la paz de la inteligencia. De lo contrario, el Ateneo de Madrid pasará a la historia no por lo que fue, sino por cómo se permitió que la ambición de unos pocos apagara la luz de todos.
Politólogo. – Sociólogo. – Socio desde 1980. 25 años Presidente Agrupación de Debates Parlamentarios. Presidente Centro de Estudios Ateneos – Centro de Estudios Manuel Azaña.