Muerte intelectual

Por José Ignacio Maratinos «El Empecinado», 28 de Marzo de 2026.

El Ateneo de Madrid no es solo una institución cultural. Es, desde hace dos siglos, un espacio de pensamiento crítico, pluralidad y debate. Su valor no reside únicamente en su historia, sino en la capacidad que ha tenido para albergar voces distintas, incluso incómodas.Por eso, cualquier cambio en sus normas internas no puede analizarse como un mero ajuste organizativo. Debe evaluarse desde una pregunta esencial:Las recientes Normas de Régimen Interno, que pretenden ser aprobadas por la Junta de Gobierno, contienen elementos que, más allá de su formulación formalmente correcta, plantean dudas legítimas desde el punto de vista institucional. Así que de ser aprobadas sería exclusivamente por el 2% de los Socios. Ya que de los 2.700 socios asisten unos 60 a sus Juntas de Socios, desde la llegada del Grupo Organizado 1.820, debido al miedo y acoso psicológico que ejercen sobre ellos el actual presidente de la Institución Cultural si hoy se puede mencionar así.En particular, la introducción de conceptos como “desprestigio grave del Ateneo” o conductas que puedan “perjudicar indebidamente” a la institución abre la puerta a interpretaciones amplias. En sí mismos, estos términos no son problemáticos.

Lo son cuando no se definen con precisión y se vinculan a un régimen sancionador que incluye desde la limitación de acceso hasta la expulsión definitiva de socios. Todo ello contrario a su Reglamento y su espíritu Fundacional.En cualquier organización, y especialmente en una asociación cultural, la seguridad jurídica no es un lujo técnico. Es una garantía básica. Cuando las conductas sancionables no están claramente delimitadas, el riesgo no es solo la posible arbitrariedad, sino el efecto indirecto que ello genera: la autocensura.

El Ateneo ha sido históricamente un espacio donde la crítica —incluso la crítica dura— formaba parte de su normal funcionamiento. Convertir determinadas formas de expresión o disenso en potenciales infracciones disciplinarias supone alterar ese equilibrio. No necesariamente por la aplicación efectiva de las normas, sino por la posibilidad de que puedan ser utilizadas en determinados contextos. He implantar una Dictadura y un Fascismo interesado al Grupo dominante que llego organizado con esos fines.Otro aspecto relevante es el diseño del propio sistema disciplinario.

La atribución de funciones al Comité de Cumplimiento Normativo y la posibilidad de imponer sanciones relevantes en plazos breves, con mecanismos de revisión interna, refuerza la necesidad de que las normas sean especialmente claras, garantistas y equilibradas.No se trata de cuestionar la necesidad de normas. Toda institución las necesita. Tampoco de negar la legitimidad de los órganos de gobierno para establecerlas. Se trata de algo más básico: asegurar que esas normas no introducen, siquiera potencialmente, mecanismos que puedan limitar la pluralidad que define al Ateneo de Madrid.Las instituciones no cambian de naturaleza de un día para otro. Lo hacen gradualmente, a través de pequeños ajustes que, acumulados, modifican su funcionamiento real. Por eso, el debate sobre estas normas no debería plantearse en términos de confrontación, sino de responsabilidad compartida.

Quizá este sea el momento de abrir un espacio de reflexión colectiva, donde socios y órganos de gobierno puedan revisar conjuntamente estos aspectos, reforzando aquello que siempre ha sido la mayor fortaleza del Ateneo: su capacidad de convivir con la discrepancia.Porque, al final, la cuestión no es si estas normas son legales. La cuestión es si son coherentes con la esencia de la institución. Cuando la ambigüedad y el odilo-sectario se convierte en control muere la democracia y nace la dictadura y el fascismo.De nuevo el presidente ha firmado un contrato con el “Café Central” donde incurre en el mismo error que con los anteriores arrendatarios donde les aseguraba que contaba con entrada por Santa Catalina 10, cuando es una salida de emergencia, por lo cual el Ayuntamiento de Madrid decreto su cierre.

No pudiéndose considerar culpable al Ateneo de Madrid sino al presidente de la Institución que no conto con la Junta de Socios como es preceptivo según el Reglamento, siendo conocedor del fraude y estafa a los arrendadores.Hoy la integridad Ateneista la representa un pequeño y reducido Grupo de Ateneístas que están defendiendo la dignidad y el ultraje que sufre el Ateneo de Madrid, representado entre otros, por “Alonso, Alfonso, Rossa, Ernesto, Millán, Calvo, etc.” Agrupados dentro del “Centro de Estudios Ateneos”. Considerados un ejemplo para Ateneístas. Cuando el odio y el sectarismo se convierten en control, muere la democracia y nace la dictadura y el fascismo. Como los Socios le gritan en Asamblea al actual presidente del Ateneo de Madrid.

Ignacio Moratinos Delgado “El Empecinado” Secretario General “Ateneo Cultural Villalar”-.

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