luis-arroyo-presidente-ateneo-madrid

El Distrito.es

<justificar la violencia proetarra en TVE es indigno y exige dimisión inmediata>

Jesús Ángel Rojo Pinilla , miembro del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, conferenciante, politólogo y experto en Comunicación e Imagen, cuenta con una amplia trayectoria en el mundo empresarial y periodístico. Autor del best seller Cuando éramos invencibles, además de los libros los Invencibles de América, Grandes Traidores a España y Cuando éramos invencibles 2.

Televisión Española volvió a cruzar una línea roja que jamás se debería traspasar en una democracia. En el programa Malas Lenguas, el presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo, justificó públicamente el acoso violento, las amenazas y el intento de agresión contra el periodista Vito Quiles y varios estudiantes en la Universidad de Navarra, perpetrado por radicales vinculados al entorno proetarra.

Para cualquier sociedad libre, una escena así debería provocar rechazo inmediato: ciudadanos intentando acceder a un campus universitario, acosados y rodeados por grupos radicales, obligados a protegerse tras un cordón policial para evitar agresiones físicas.

Pero para Luis Arroyo, lo preocupante no era la violencia callejera. Lo preocupante, según él, era que Quiles se presentara allí. Es decir: la culpa no es del violento, sino del que molesta al violento.

Esa es la doctrina que Arroyo defendió en la televisión pública: una peligrosa inversión moral que legitima el totalitarismo callejero.

Convertir a la víctima en culpable

En su intervención, Arroyo insinuó que Quiles provocaba simplemente por acudir a la universidad acompañado de jóvenes y portando banderas de España. Como si un ciudadano tuviera que pedir permiso ideológico para pisar un campus o para ejercer su derecho a informar. Como si la presencia de símbolos nacionales —perfectamente constitucionales— fuese una excusa válida para que activistas radicales traten de impedir tu paso.

Con ese argumento, el presidente del Ateneo asumió implícitamente el discurso de los violentos: “si te amenazan, tú te lo has buscado”. Una lógica profundamente antidemocrática. No hubo agresión consumada únicamente porque la Policía actuó con rapidez y determinación. Pero sí existió un hostigamiento organizado y la persecución y amenazas. Con claros intentos de agredir físicamente y violencia frustrada gracias a los agentes. Y ante esa realidad, en lugar de defender la libertad, Luis Arroyo defendió a quienes tratan de imponer el silencio por la fuerza.

Una televisión pública sin pluralidad ni pudor

Televisión Española debería ser garante del pluralismo y neutralidad. Sin embargo, lo que se vio fue una plataforma pública facilitando la justificación del acoso político. Se llegó incluso a cuestionar símbolos históricos y constitucionales de España, mientras se blanqueaba el comportamiento de los radicales que intentaron reventar el derecho a la libre circulación y la libertad de expresión.

Una RTVE que permite esto no es servicio público: es propaganda de facción pagada por todos los ciudadanos.

El Ateneo de Madrid no merece esta mancha

El Ateneo de Madrid no es una tertulia cualquiera: es una institución bicentenaria que simboliza el debate libre, la cultura plural y la independencia intelectual. Ver a su presidente legitimar la violencia política es una traición directa al espíritu fundacional de la casa que preside.

Un presidente del Ateneo no puede defender —ni suavizar— el acoso político. Un presidente del Ateneo no puede culpar al agredido y justificar al violento. Un presidente del Ateneo no puede actuar como portavoz moral del radicalismo.

Luis Arroyo ha deshonrado a la institución. Y debe dimitir inmediatamente.

Lo que está verdaderamente en juego

En España se está intentando normalizar la idea de que hay ciudadanos de primera y de segunda. Que hay personas que tienen derecho a hablar y otras que deben callar para no provocar. Que la violencia puede ser entendida, o incluso aplaudida, si la sufre quien no piensa como la izquierda radical.

Ese modelo no es democrático. Ese modelo es la antesala del totalitarismo.

Hoy se intenta justificar intimidación en una universidad. Mañana será en una redacción, una plaza, un medio o un domicilio particular.

Luis Arroyo es una vergüenza para el Ateneo

La libertad no admite excusas. La violencia política nunca se justifica. Y quien ocupa un cargo cultural debe situarse siempre del lado de las libertades públicas y del respeto institucional. Luis Arroyo no lo hizo. Televisión Española lo amplificó. Y la sociedad española tiene la obligación moral de rechazar este precedente con firmeza.

Por dignidad democrática, por limpieza institucional y por respeto a la tradición histórica del Ateneo, Luis Arroyo debe abandonar su cargo de forma inmediata.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *